Edad Antigua y Medieval Personajes

La Kahina: historia y leyenda de la resistencia bereber

Derrotó al ejército del califato y frenó su avance en el norte de África. De Dihya al-Kahina, sin embargo, apenas sabemos nada seguro: ni su religión ni a quién gobernaba en realidad.

Dihya al-Kahina, a caballo y con capa roja, encabeza a un grupo de jinetes bereberes por las montañas del Aurés.
Dihya al-Kahina encabeza a sus jinetes por las montañas del Aurés. Recreación ilustrada generada con inteligencia artificial; no existe ningún retrato de época de la caudilla bereber.

La conquista musulmana del norte de África duró más de medio siglo. Hubo ciudades que cambiaron de manos, ejércitos derrotados cuando parecían vencedores y flotas que llegaron desde Constantinopla para recuperar lo perdido. Hoy os hablo de una mujer que protagonizó uno de los últimos capítulos de aquella guerra: la dirigente norteafricana a la que las crónicas árabes llamaron la Kahina, «la adivina».

Una tierra que todavía era romana

Cuando los ejércitos musulmanes avanzaron desde Egipto hacia occidente, encontraron un territorio que llevaba siglos formando parte del mundo romano. Cartago era el centro del exarcado africano, gobernado por un representante del emperador de Constantinopla con autoridad civil y militar. Había ciudades, obispos, funcionarios y guarniciones. Los bizantinos, como hoy los llamamos, se consideraban romanos.

También había poblaciones bereberes con relaciones diversas con el poder imperial. Algunos de sus dirigentes y guerreros combatían junto a las tropas romanas. Por eso cuesta separar aquella guerra en dos bandos perfectamente definidos por su origen: pertenecer al mundo bereber y colaborar con Bizancio podían ser cosas compatibles.

Los conquistadores tenían motivos para seguir avanzando. Extendían el poder del califato y del islam, obtenían tierras, botín y tributos y arrebataban posiciones a un enemigo que aún podía responder. Los puertos importaban tanto como las ciudades del interior: mientras la flota imperial pudiera desembarcar soldados, ninguna victoria garantizaba que la guerra hubiera terminado.

La gran expedición árabe de 647-648 obtuvo una victoria, pero no acabó con el dominio bizantino. El poder imperial se restableció y los combates continuaron durante décadas. Conquistar una plaza era una cosa; conservarla, otra.

Kusayla frena el avance

En 683, las fuerzas de Kusayla derrotaron al general árabe Uqba ibn Nafi, que murió en el enfrentamiento. Al-Bakri, geógrafo andalusí del siglo XI que reunió noticias de autores anteriores, presenta a Kusayla al mando de tropas romanas a las que se sumaron contingentes bereberes. Su testimonio permite ver que aquella resistencia tenía vínculos con el ejército imperial.

Kusayla acabó muriendo también en la lucha contra los conquistadores. Poco después, hacia 688-689, perdió la vida Zuhayr ibn Qays, uno de los jefes árabes de la región. La sucesión de campañas y muertes no había dado a los musulmanes un dominio estable.

Además, el califato estaba en guerra consigo mismo. Abd al-Malik tuvo que derrotar a sus adversarios en Mesopotamia y Arabia antes de dedicar más hombres y recursos al frente africano. El encargado de retomar la ofensiva sería Hassan ibn al-Numán. Su gran objetivo era Cartago.

Las tropas de Hassan ibn al-Numan se retiran a pie y a caballo por el terreno árido del norte de África
La retirada de las tropas de Hassan ibn al-Numan tras su derrota ante la Kahina. Recreación ilustrada generada con inteligencia artificial.

Constantinopla devuelve el golpe

Hassan tomó la ciudad hacia 697. Pero Constantinopla no estaba dispuesta a perderla sin pelear. El emperador Leoncio envió una flota al mando del patricio Juan, que consiguió recuperarla.

Teófanes, monje y cronista bizantino de comienzos del siglo IX, cuenta que los imperiales forzaron la entrada del puerto, cerrado con una cadena. La expedición convirtió la conquista de Hassan en una retirada y lo obligó a pedir refuerzos al califa.

Tierra adentro había más enemigos. Al-Bakri atribuye una derrota de Hassan a un general de la Kahina que antes había servido junto a Kusayla. El dato relaciona a los protagonistas de distintas etapas de la resistencia. Es posible que estos combates y la recuperación bizantina de Cartago formaran parte de una misma contraofensiva, aunque no podemos demostrar que actuaran bajo un mando conjunto.

Hassan regresó con nuevos recursos. En 698, Cartago cayó definitivamente en manos musulmanas. Bizancio perdía su principal centro africano, pero aún quedaban fuerzas que se resistían a aceptar el nuevo dominio. Entre ellas estaban las de la Kahina.

¿Reina de los bereberes o de los romanos?

De su vida anterior sabemos muy poco. Dihya, el nombre por el que también se la conoce, aparece en testimonios tardíos. Tampoco podemos fijar con seguridad su religión. Las crónicas le atribuyen poderes proféticos, relacionados con el sobrenombre de Kahina, pero eso no permite reconstruir sus creencias.

Hay un detalle que merece detenerse. Elías de Nísibe, obispo cristiano de comienzos del siglo XI, reunió en su cronografía noticias de obras anteriores, algunas hoy perdidas. En uno de los pasajes árabes que conservó aparece una «reina de los romanos», identificada con la Kahina. La versión siriaca, en cambio, habla de una «reina de los bereberes».

La reina de los rūm salió a presentarle batalla y fue muerta junto con sus acompañantes.

Crónica de los árabes, texto árabe anónimo copiado por Elías de Nísibe en 1018.

La diferencia no es menor: el texto árabe conserva una denominación que la vincula con el mundo romano-africano. Eso no demuestra que tuviera un cargo imperial concreto ni obliga a negar su vinculación bereber. Sí aconseja mirarla dentro de aquella sociedad donde las relaciones entre ciudades, ejércitos y dirigentes locales eran más complejas de lo que sugieren las etiquetas.

Representación de Dihya al-Kahina a caballo ante un poblado en llamas, con su escolta al fondo
La Kahina ante un poblado en llamas. Recreación ilustrada generada con inteligencia artificial

Khalid, el cautivo tratado como hijo

Uno de los relatos más llamativos lo dejó Ibn Abd al-Hakam, historiador egipcio del siglo IX que escribió aproximadamente siglo y medio después de los hechos. Cuenta que la Kahina derrotó a Hassan, hizo prisioneros y liberó a todos salvo a un árabe llamado Khalid ibn Yazid, al que trató como a un hijo.

Según su narración, Khalid hizo llegar a Hassan información sobre ella y sus fuerzas. Cuando el ejército árabe regresó, la Kahina le confió la protección de sus dos hijos. Khalid obtuvo garantías para ambos y el mayor terminó al mando de un contingente bereber al servicio de Hassan.

La historia tiene fuerza, pero el cronista la acompaña de profecías. No podemos comprobar de manera independiente las actuaciones de Khalid, y ni siquiera el destino de los hijos está resuelto. Otra tradición, atribuida a al-Waqidi, historiador de las conquistas islámicas fallecido en 823, afirma que murieron con su madre. Conocemos ese pasaje por la cita de un autor posterior, Ibn al-Athir, historiador de los siglos XII y XIII.

La última batalla de la Kahina

Elías sitúa su muerte en el año de la hégira correspondiente a 703-704. La noticia es escueta: salió a combatir a Hassan y murió junto a muchos de sus seguidores. Otras crónicas ofrecen fechas distintas, pero coinciden en situar su derrota en la lucha contra aquel jefe árabe.

El dominio musulmán se afianzó y la expansión continuó hacia occidente. En 711, un ejército cruzaría el Estrecho para conquistar la península ibérica, donde el reino visigodo vivía ya su declive. Era una nueva etapa, precedida por décadas de guerra en tierras africanas.

De la Kahina nos quedan noticias breves y relatos que no siempre encajan entre sí. Sabemos contra quién luchó; resulta mucho más difícil averiguar cómo llegó a mandar y hasta dónde alcanzaba su autoridad. Esas lagunas no borran su lugar en la historia: el de una mujer que se enfrentó a los conquistadores cuando todavía se disputaba el futuro del África bizantina.

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