En 1938, en Burgos, el general Francisco Franco condecora en persona con la Cruz Roja del Mérito Militar a un corresponsal británico de The Times. En el frente de Teruel, el periodista había sobrevivido a la explosión de un proyectil que acabaría costando la vida a sus tres compañeros. Él sufrió heridas leves. Se llama Kim Philby.
Franco desconocía que aquel inglés de buena familia, autor de crónicas favorables a su causa, era comunista y trabajaba para los servicios secretos de Stalin desde 1934.
La guerra de España no fue para él un simple encargo periodístico. Fue su escuela de espía. En España aprendió a reunir información bajo una tapadera periodística y estableció contactos que después le resultarían útiles en el espionaje británico.

Un comunista disfrazado de pronazi
El apodo se lo puso su padre, St John Philby, alto funcionario del imperio británico, por Kim, la novela de Rudyard Kipling sobre un muchacho que espía para los británicos. El hijo acabaría espiando a los británicos.
Philby se hace comunista estudiando en Cambridge. En 1933 viaja a Viena y ayuda a militantes perseguidos. Allí conoce a Litzi Friedmann, una joven comunista con la que se casa en 1934. Ese año se trasladan a Londres, donde lo recluta Arnold Deutsch, agente de la inteligencia soviética.
La inteligencia soviética busca jóvenes brillantes capaces de llegar algún día a los despachos del poder británico. La condición es cortar todo lazo con otros comunistas. Philby rompe con sus amigos de izquierdas y se apunta a la Hermandad Anglo-Alemana, una asociación favorable a la Alemania de Hitler. Desde fuera, pasa a parecer un joven de derechas con simpatías nazis.
Cuando estalla la guerra en España, el disfraz encuentra su utilidad. La Unión Soviética apoya a la República; Alemania e Italia, a los sublevados. A Stalin le interesa saber qué pasa en el bando de Franco y qué relación tiene con sus aliados. La apariencia de Philby le permite acercarse a ese mundo sin presentarse como un adversario.
Sevilla: periodista y espía
A comienzos de 1937 entra en España por Portugal y se instala en Sevilla. Lleva una carta de recomendación de Joachim von Ribbentrop, entonces embajador de Hitler en Londres. Empieza como periodista independiente, uno más entre los corresponsales extranjeros que cubren la guerra desde el bando sublevado.
Su trabajo de periodista es real: busca noticias y envía crónicas. Pero el acceso que le da el oficio es justo lo que necesitan sus jefes soviéticos.
Después consigue la corresponsalía del prestigioso The Times ante las fuerzas de Franco. Con el respaldo del periódico puede seguir las operaciones militares, y llega a entrevistar al propio general en varias ocasiones.
¿La orden de matar a Franco?
Hay otra misión mucho menos clara. Años después, el desertor soviético Walter Krivitsky declaró que los servicios secretos de Stalin habían planeado asesinar a Franco y que el encargado iba a ser un joven periodista inglés. Ese testimonio se ha relacionado con Philby, que siempre negó haber recibido la orden.
Lo que sí está documentado es que en abril de 1937 Guy Burgess, otro de los espías de Cambridge, se reúne con él en el Rock Hotel de Gibraltar. Su itinerario durante las semanas siguientes no está completamente esclarecido. Ese vacío ha alimentado las especulaciones, pero no demuestra que Philby preparase atentado alguno.
Una de las hipótesis es que su controlador en Londres, Theodor Maly, nunca le transmitió la orden o se la transmitió de forma que no pudiera cumplirla. Es una explicación posible, no un hecho probado. La misión de matar a Franco sigue siendo una pregunta abierta.
Teruel: el único superviviente

El 31 de diciembre de 1937, Philby está cerca del frente de Teruel, en un coche con otros tres corresponsales: Bradish Johnson, Dick Sheepshanks, de la agencia Reuters, y Edward Neil, de Associated Press. Un proyectil republicano estalla junto al vehículo.
Johnson, al volante, muere en el acto. Sheepshanks, sentado a su lado, recibe el impacto en la cabeza y muere esa misma noche sin recobrar el conocimiento. Neil, herido en las piernas, muere más tarde. Philby, que iba detrás, sale con heridas leves en la cabeza. Es el único de los cuatro que sobrevive.
En 1938, Franco lo recibe en Burgos y lo condecora. El joven inglés pasa a ser el periodista condecorado por el general, y esa fama le abre puertas en el bando que acabará ganando la guerra.
De la corresponsalía al MI6
Cuando la guerra civil termina en 1939, Philby se lleva de España mucho más que una medalla: conoce el país, ha tratado a sus dirigentes y tiene amigos entre los vencedores.
En el verano de 1941 trabaja en la Sección V del MI6, el servicio de inteligencia exterior británico. Es la sección de contraespionaje y su despacho se ocupa de España y Portugal. El hombre que había espiado el bando de Franco para los soviéticos vigila ahora la península para Londres, sin dejar de informar a Moscú.
Su experiencia española y sus relaciones con el bando vencedor lo hacen útil para esa tarea. La paradoja es que parte de ese conocimiento lo había adquirido mientras trabajaba para los soviéticos.
De la medalla de Franco a la huida a Moscú
Su carrera en el MI6 lo lleva hasta Washington, como enlace con la CIA y el FBI. Pero en 1951 huyen a la Unión Soviética dos viejos conocidos, Guy Burgess y Donald Maclean, y las sospechas caen sobre él. Philby tiene que dejar el servicio, aunque aún tardará años en ser desenmascarado.
En enero de 1963, en Beirut, un antiguo compañero del MI6 le pone delante nuevas pruebas. Philby firma una confesión parcial y, poco después, huye a la Unión Soviética. Muere en Moscú en 1988.
Medio siglo antes, en Burgos, Franco había condecorado en persona a un comunista. Los británicos acabarían confiándole sus secretos. Uno y otros se equivocaron con el mismo hombre.
