Edad Contemporánea consecuencias demográficas

Guerra de la Triple Alianza, cómo quedó devastado Paraguay

Entre 1864 y 1870, Paraguay combatió contra Brasil, Argentina y Uruguay. La guerra arrastró a familias como la de Silvia Cordal Gill al destierro, el hambre y la separación.

Grupo de adultos y niños refugiados de San Pedro, con un sacerdote en primer plano, durante la Guerra de la Triple Alianza.
Refugiados paraguayos procedentes de San Pedro, hacia finales de mayo de 1869. Fotografía anónima, reproducida en Ricardo Salles, Guerra do Paraguai: memórias & imagens (Biblioteca Nacional, 2003), p. 127. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Silvia Cordal Gill recordaba que recogía huesos, los quemaba y los machacaba para comer. Era una niña durante la Guerra de la Triple Alianza, el conflicto que enfrentó a Paraguay con Brasil, Argentina y Uruguay entre 1864 y 1870. Sus recuerdos permiten seguir lo que la guerra fue haciendo con el país: movilizar a sus familias, expulsarlas de sus casas y dejarlas buscando alimento durante la retirada.

La contienda comenzó con una disputa por el equilibrio de poder en la cuenca del Plata. Se extendió por Mato Grosso, Corrientes y territorio paraguayo, y terminó con Paraguay derrotado, ocupado y con una población diezmada. Para entender cómo se llegó hasta allí hay que empezar por otro país: Uruguay.

Por qué comenzó la Guerra de la Triple Alianza

En Uruguay, blancos y colorados se disputaban el gobierno. En 1863, el colorado Venancio Flores encabezó una rebelión apoyada por Brasil y por el presidente argentino Bartolomé Mitre. Brasil defendía también los intereses de sus ciudadanos establecidos en territorio uruguayo, propietarios de tierras y ganado.

El presidente paraguayo, Francisco Solano López, veía en aquella intervención una amenaza. Paraguay, independiente desde 1811 y gobernado en sus primeras décadas por el doctor Francia, dependía de los ríos Paraguay y Paraná para llegar al Atlántico. Tenía disputas territoriales con Brasil y Argentina, y temía quedar rodeado por gobiernos hostiles. López quería además hacer valer el peso militar de su país en la región.

Cuando Brasil intervino militarmente en Uruguay, López pasó a la acción. En noviembre de 1864 apresó el vapor brasileño Marquês de Olinda; en diciembre declaró la guerra a Brasil e invadió Mato Grosso. Después pidió atravesar territorio argentino para atacar el sur brasileño. Argentina se negó. López le declaró la guerra e invadió Corrientes en 1865.

Flores ya había alcanzado el poder cuando Brasil, Argentina y Uruguay firmaron la Triple Alianza, el 1 de mayo de 1865. Se comprometieron a derrotar a López y asegurar la libre navegación de los ríos; Brasil y Argentina buscaban también imponer sus reclamaciones territoriales. La apuesta paraguaya por intervenir en el equilibrio regional había desembocado en una guerra contra los tres países.

Grabado con una división de acorazados brasileños navegando por el río Paraguay junto a Humaitá.
El paso de Humaitá del 19 de febrero de 1868, según un grabado de Blanchard basado en un croquis de Paranhos. Publicado en L’Illustration, París, 1868. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

De las invasiones paraguayas a la defensa del país

Paraguay comenzó atacando, pero pronto perdió la iniciativa. La derrota naval de Riachuelo, en junio de 1865, permitió a Brasil mantener un bloqueo que limitaba la llegada de suministros. Las fuerzas paraguayas tuvieron que abandonar sus conquistas en Argentina y el sur de Brasil. En abril de 1866, los aliados cruzaron el Paraná e invadieron Paraguay.

Su superioridad de recursos no les dio una victoria rápida. Había que transportar y alimentar a los ejércitos, superar las defensas fluviales y combatir las epidemias. La resistencia paraguaya y derrotas aliadas como la de Curupaití, en septiembre de 1866, prolongaron la campaña. Brasil fue asumiendo la mayor parte del esfuerzo militar.

Mientras tanto, la movilización dejaba el trabajo agrícola cada vez más en manos de mujeres, ancianos y niños. Las familias también llevaban alimentos y ropa a los soldados. La guerra exigía hombres para combatir y trabajo para sostenerlos.

La familia de Silvia sufrió también la persecución política. Su padre estaba gravemente herido y en cautiverio argentino en 1866, pero en Paraguay fue señalado como desertor. Su madre, Carmen Gill de Cordal, tuvo que renegar públicamente de él. La sospecha política podía extender el castigo del soldado a su familia.

Mujeres y niños con hatillos caminan por un sendero; recreación ilustrada del desplazamiento civil durante la Guerra de la Triple Alianza.
Recreación ilustrativa generada con IA del desplazamiento de civiles durante la Guerra de la Triple Alianza.

La caída de Asunción y la retirada de la población

La caída de Humaitá, en 1868, y las derrotas paraguayas de diciembre abrieron el camino hacia la capital. Los aliados ocuparon Asunción en enero de 1869. Parecía el final de la guerra, pero López reorganizó sus fuerzas en el interior y continuó resistiendo.

La población se desplazaba con la retirada. Las órdenes de evacuación obligaban a dejar casas y cultivos, mientras el reclutamiento y la escasez dificultaban producir alimentos. A ello se sumaba la represión: López castigaba las sospechas de traición con prisión, destierro y ejecuciones.

Carmen fue una de las destinadas, mujeres enviadas al destierro bajo acusaciones políticas. Según las memorias de Silvia, sus tres hijas quedaron separadas de ella, al cuidado de Dolores, a quien llama «esclava». Dolores buscaba comida en el monte y regresaba con naranjas agrias; Silvia recogía los huesos con los que empieza este relato. La retirada había convertido el abastecimiento de una familia en esa búsqueda diaria.

Niños en el ejército y una guerra hasta 1870

A medida que disminuía el número de soldados disponibles, Paraguay incorporó menores a sus filas. En Acosta Ñu, el 16 de agosto de 1869, las tropas de Bernardino Caballero intentaron frenar el avance aliado mientras López seguía retirándose.

Entre los defensores había niños. Los testimonios sobre el combate describen heridos que todavía no habían llegado a la pubertad y relatan que soldados aliados mataron a menores heridos después de la batalla. No existe un recuento seguro de cuántos niños combatieron o murieron allí.

La resistencia continuó durante meses. Los aliados perseguían a López, que seguía huyendo hacia el norte. Soldados brasileños lo mataron en Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870. La guerra terminó después de más de cinco años, cuando Paraguay ya había perdido su capital y buena parte de su capacidad para sostener a la población.

Fotografía del puerto de Humaitá con una construcción, una bandera y mástiles de barcos al fondo.
Puerto de Humaitá, hacia 1868. Fotografía anónima, reproducida en Ricardo Salles, Guerra do Paraguai: memórias & imagens (Biblioteca Nacional, 2003), p. 114. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Qué dejó la guerra en Paraguay

Durante la retirada, Silvia perdió a dos hermanas. Ella llegó a reunirse con su madre en Espadín y se recuperó con sus cuidados. Tenía siete años. Ese testimonio muestra pérdidas concretas; calcular las del conjunto del país sigue siendo mucho más difícil.

Una reconstrucción de los censos publicada en 1999 estimó una pérdida de entre el 60 y el 69 % de la población paraguaya. Otros trabajos cuestionaron la población de partida, las zonas sin datos y el destino de los refugiados. Los autores defendieron su cálculo. El intervalo sigue siendo una estimación discutida, no una cifra segura de muertos, y tampoco equivale al popular «90 % de los hombres».

Las enfermedades y el hambre mataron también lejos del frente. La escasez de hombres alimentó relatos sobre la poligamia: un estudio menciona uniones polígamas en la posguerra, pero ese pasaje no acredita una ley de matrimonios múltiples ni un programa oficial de repoblación. Los hogares encabezados por mujeres y los nacimientos fuera del matrimonio ya existían antes del conflicto.

Paraguay conservó su independencia, pero perdió territorios frente a Brasil y Argentina y quedó con su economía arruinada. La Constitución de 1870 no trajo estabilidad inmediata. Las tropas brasileñas permanecieron hasta 1876; las últimas argentinas se retiraron en mayo de 1879.

La paz dejó pendientes tareas tan básicas como volver a sembrar y alimentar a los supervivientes. Paraguay había sobrevivido como Estado. Reconstruir el país llevaría mucho más que poner fin a los combates.


¿Añades algo?

Cuéntame qué te ha parecido. Los comentarios se leen todos.

Tu correo no se publica y solo se usa para responderte. El primer comentario de cada persona pasa por moderación; los siguientes salen directos. Política de privacidad.

Boletín editorial

Una lectura histórica cuidada, sin ruido.